lunes, 27 de septiembre de 2010

Humor cañí

Ejemplo de austeridad.


Desde luego, y a la vista de ésta imagen, nadie podrá nunca afirmar que en la comunidad de Murcia no fueron previsores en ahorrar en las vísperas de la famosa crisis económica.
El ayuntamiento de San Javier, fue el destinatario del campus de la facultad de Ciencias de Educación Física y el Deporte, de la Universidad de Murcia, allá por el año 2007. Pero ¿creen ustedes que se aprovechó para despilfarrar o hacer negocio los "señores del ladrillo"?. ¡Pues no señor!. Ahí tienen ustedes un ejemplo de austeridad en el gasto público, de simplicidad en el diseño. Esto si que es minimalismo. Quede en ésta bitácora reflejado para ejemplo y modelo de gestión pública.



Rótulos impertinentes.
Hay ocasiones en que los testigos llamados "mudos" forman una escandalera brutal, dejando lo de la mudez en pura ironía. Esa asincronía entre lo publicitado y la realidad crea un choque visual que mueve a la hilaridad... o al llanto, según sea el caso.
Observar en la calle Atocha de Madrid, la vecindad entre la Congregación del Santo Entierro y el Sex Shop puede inferir un recordatorio a los posibles pecadores, sobre la consecuencia de sus actos. Aunque bien es cierto que una de las actividades anunciada resulta antípoda de la otra, ambas tienen su propia clientela.
Pero como en casi todo cuanto sucede comercialmente en la capital de España, entre ambas "entidades", se encuentra el catalizador Super Bazar chino.





En un pueblecito costero, ya con su alcalde, un notario, un par de concejales y dos abogados metidos en la cárcel por la Fiscalía Anticorrupción (es decir, lo justo para salir en las fotos y ponerlos en liertad) , y varios "señores de los ladrillos" huidos o en paradero desconocidísimo, puede observarse ésta auténtica joya de la corona.
Al parecer, o bien la financiación resultó excesivamente compleja, o la solución extremadamente inapropiada, pero el caso es que lo de "Soluciones financieras" tiene pinta de que no funcionó.
Las lenguas viperinas del pueblo aseguran que los habitantes de la casa de los créditos coronados, desaparecieron por arte de encantamiento de un día para otro.





martes, 17 de agosto de 2010

¡¡¡Torquemada ha vuelto!!!

¡Cielo santo!, estaba yo tan tranquila en una especie de duerme vela oyendo un programa de radio en el que la gente llama y hace comentarios sobre un tema de actualidad o sobre cualquier cosa, aunque no sea tan actual, que les haya llamado la atención y, de repente, una buena señora que respondía al nombre de Lola y que se presentaba a sí misma como "una respetable señora de 77 años", dijo que quería hablar sobre un asunto que le había quitado el sueño, ya que ..."el otro día cuando encendí la televisión ví un espectáculo dantesco y repugnante"..., - claro, yo, inmediatamente agudicé mis oídos pensando que nueva desgracia o desastre natural asolaba algún rincón de nuestro querido planeta azul, y cual no sería mi sorpresa cuando la miembra representante de la soberanía popular, empieza a contar que... "un grupo de sinverguenzas degenerados todos desnudos como Dios les trajo al mundo, se paseaban tan tranquilos" por una playa gaditana del pueblo donde ella reside.

Lo curioso, no es que esta persona expresara su malestar y su repugnancia por semejante espectáculo, sino que el locutor de turno le daba cancha (pero en serio) abogando por una ley que prohibiera semejantes prácticas, sobre todo velando por que la inocencia de los niños no se viera mancillada y que las familias pudieran estar en la playa sin que esos "guarros" se pasearan tan tranquilos enseñando sus verguenzas.

Claro, yo, que pertenezco a este grupo de "degenerados" que disfruta tomando el sol y los baños de mar sin ataduras textiles de ninguna clase, y sobre todo sin que me importe lo que los demás hagan, cuidando de no molestar a nadie, se me pusieron los pelos de punta pensando que, en los tiempos que hoy corren, en los que lo que más se lleva es prohibir, pues se levante un buen día el político de turno y decida que es moralmente reprobable la exhibición del cuerpo y decidan confinarnos en un gueto para someternos a la reeducación correspondiente.

Vamos, que efectivamente Torquemada vuelve, ya que dentro de estas "buenas gentes del pueblo soberano", anida un censor implacable, al que sólo hace falta un pequeño empujoncito para salir a flote y volver a revivir las escenas de los años 80, concretamente en la pequeña aldea de Hio en Pontevedra, en la que los lugareños con el cura a la cabeza, se dedicaban a reventar los neumáticos y a apedrear a los sufridos nudistas (entre los que me contaba) que osaban invadir su territorio. En fín, como bien decía el Capitán Trueno, ¡Santiago y cierra España!. Amén

lunes, 26 de julio de 2010

Imbécil universal


La imbecilidad está considerada en medicina -en términos genéricos- como la carencia o escasez de inteligencia.

Últimamente parece que esta enfermedad tiende a extenderse, si juzgamos el comportamiento de una mayoría creciente de personas que, o bien carecen de una inteligencia básica para comprender expresiones sencillas, verbales o escritas,  o bien su nivel de comprensión no les permite entender la totalidad de la expresión, y entonces tienden a mezclar la escasa información que les ha llegado, con algo que conocen, lo que les imposibilita mantener un diálogo siguiendo una pauta de razonamiento simple y elemental.

Por lo que parece, las personas aquejadas de imbecilidad suelen sentirse atraídas por los mecanismos, quedando subyugadas por éstos. Al mismo tiempo, los imbéciles son conscientes de que pensar es un trabajo arduo que les provoca intensas molestias. Estas dos circunstancias fueron analizadas por ingenieros sociales a principios del siglo XX, concluyendo en estudios científicos que recomendaban la utilización masiva de éstos sujetos para desarrollar tareas simples y repetitivas.
Una persona de poca inteligencia resulta, en términos de producción, más barata que otra de inteligencia normal. La orientación mecanizada del obrero, suprimía la posibilidad de improvisación de éste, eliminando los movimientos inútiles del trabajador y evitando el retraso en la producción. El método resultaba tan perfecto que incluso fue etiquetado como organización científica del trabajo, y en torno al mismo fueron apareciendo evangelistas que anunciaban por el mundo industrial la buena nueva, nombrándola como teoría Taylorista, en honor al principal  padre de la criatura, F. Winslow Taylor.
Las personas aquejadas de imbecilidad, por cuya causa no podían aspirar a mejores puestos en la sociedad, vieron en éste método su oportunidad. Tenían la ocasión de realizar una función remunerada, y no era ni necesario ni conveniente utilizar el cerebro. En los casos más drásticos, la actividad cerebral queda totalmente prohibida. El resultado, patético, es lo más parecido a un robot con apariencia humana.

Pero el imbécil, cuando está realizando su función taylorista, necesita que el resto de la gente observe en él alguna circunstancia, alguna condición que lo haga excepcional (aparte del hecho de ser imbécil), y para eso precisa un poco de un sencillo entrenamiento.

La primera condición es que resulte imposible dialogar con él, y mucho menos intentar razonar, como podría resultar pretender que Gestapos como los de ésta foto, atendiesen en su momento a tipo alguno de razones, o a un simple intento de diálogo.









La segunda condición, dotarle de aparejos que le exciten el ego, preferiblemente en forma de indumentaria, especialmente uniforme, y en todo caso, aderezada con algún componente seudo-tecnológico, y a ser posible, de aspecto marcial.








El ejemplo más inmediato (y más popular) del aspecto visual de un imbécil lo tenemos en el llamado "soldado universal", en ése subproducto de la humanidad que bajo el halo de "dedicarse a la protección de los indefensos" (o sea, de todos los demás), puede destruir ciudades enteras sin pestañear con el ojo sano, y con un telescopio incrustado dentro del otro ojo. Aunque existen otras variedades mucho más peligrosas, relativamente sencillas de identificar.

Hoy en día, y en plena alarma económica, puede darse el caso de que el imbécil se mezcle con el necesitado en los recovecos de una empresa, pero mediante unas simples observaciones, estaremos en condiciones de detectar a un imbécil, incluso a distancia, tal y como sucede, por ejemplo,  en los denominados, y muy de moda en España, "colcenters", también llamados en inglés call center, o en lenguaje de andar por casa, centralitas de atención al público.

El primer síntoma de riesgo de dar con un imbécil es que el inicio de la conversación lo haga una máquina que dice imbecilidades (previamente grabadas por un imbécil). Aunque llamar a un teléfono al doble de precio (902) ya debería ponernos en alerta, lo peor es que la máquina te suelte sin solución de continuidad:
A) Que todos sus agentes están ocupadísimos (aunque por vergüenza no digan en qué).
B) Que no cuelgues y sigas esperando obedientemente a que les dé la gana de atenderte.
C) Que la conversación va a ser grabada, pero eso si: jamás por la seguridad de ellos. Siempre es por la tuya.
D) Un ruidillo estrepitoso, a modo de música para testear tu capacidad primaria de resistencia y de paso para ir haciendo caja.

Una vez superada ésta fase, el riesgo de aparición del imbécil es altísimo.
Si la voz de saludo inicial suena a mantra... malo.
Si tu exposición ha sido clara, pero no te ha entendido absolutamente nada... la cosa pinta fatal.
Si te resulta absolutamente imposible hacerle comprender cosas sencillas, que razone o establecer un diálogo simple, no hay duda alguna: el imbécil se ha materializado.
Si a continuación ya no te deja hablar y recita cosas estúpidas, hay menos duda: has dado con un imbécil. Pero ¡ojo!, que está la variante muda, en la que no te da muestras de reconocimiento de lo que le has dicho, y cuando has terminado añade aquello de "bien, no se preocupe".

viernes, 4 de junio de 2010

La Crisis A y la desidia.

El descubrimiento de la Crisis A, ha aportado solución a muchos problemas de las distintas administraciones, tanto estatales como comunitarias o locales. Desde el advenimiento de la Crisis A muchos casos de simple incompetencia o discapacidad, han quedado justificados como “falta de presupuesto”. Pero una cosa es que la Administración (en su conjunto) trate de convencernos de que la Crisis A es la causante de todo lo chungo, suministrándonos a toche y moche telediarios y tertulias como si fuera una oferta de “Tamiflú” barato, y otra, muy distinta, que nos dejemos convencer.

En un ayuntamiento del litoral del Mar Menor, puede comprobarse que la Crisis A no es suficiente para encubrir la torpeza, desidia, ausencia de voluntad o ni siquiera un mínimo de inteligencia básica en aquellos encargados de lo que eufemísticamente es llamada “seguridad vial”.

La inversión municipal en cinta aislante para solucionar el problema en éste semáforo, podría estar justificada por la temerosa Crisis A.






Pero en la siguiente fotografía, podemos observar la manera en que el curioso ayuntamiento ha resuelto la protección de los peatones frente a excesos de velocidad. Cualquiera diría al verla que o bien el concejal del ramo una vez puesta, o bien el operario al ponerla, ostentaban un nivel de inteligencia que no les permitía tener conciencia de que estaban inmortalizando su estupidez.
No obstante, en éstas cosas de la política, siempre cabe la posibilidad de echar la culpa al famoso "equipo anterior", pero... ¿qué impide a los actuales cambiarlo?: la Crisis A, sin duda. ¿Verdad?


Ciertamente, hay detalles que nos hacen sospechar que el dichoso ayuntamiento está siendo asesorado en materia de seguridad vial, nada menos que por el mismísimo Marilyn Manson.
En ésta fotografía podemos ver cómo han resuelto un doble acceso a la calzada principal. Todo parece indicar que en la época de la solución, el municipio nadaba en la abundancia y no querían dejar sin proteger ni un punto en los viales públicos, repitiendo semáforos aunque fuese con 3,26 metros de distancia entre ellos.
Para quienes proceden de la calle General Mola (¡huy!, con perdón) es habitual encontrarse con que los vehículos parados por el semáforo con el número 130, le taponan la salida, ya que lo difuso de la línea transversal blanca de Stop, y el despiste generalizado de los conductores, permite que éstos paren tapando la salida de ésa calle.
¿Podía estar el semáforo 130 ANTES de la calle del general? Probablemente, pero para éso sería necesaria una mente capaz de considerarlo... ¡¡y con autoridad municipal, of course!!.

De aquella época de esplendor, de los semáforos en oferta, date quizá la imagen que ofrece la confluencia de las calles Agustín Escribano y Avenida del Generalísimo (¡vaya!) según podemos ver en Google Maps o en éstas fotografías.

Parece ser que en algún momento la calle de don Agustín, debió ser de doble dirección, y que una re-modelación del tráfico la dejó tal como podemos verla, pero "olvidando" poner en orden las señales luminosas.














Pero si hemos de ser justos, no deberíamos cebarnos en éste modesto ayuntamiento murciano. Limítrofe con él, existe otro donde andan con similares problemas de comprensión. Tienen dificultades con cosas sencillas, como hacer visibles las señales que velan por nuestra seguridad vial, tal y como podemos ver en ésta fotografía.
Bien es cierto que hace unos días, al ex-alcalde de éste otro municipio se lo han llevado unos señores muy simpáticos vestidos de verde. No hemos podido confirmar si el motivo ha sido la Crisis A o la desidia.



domingo, 16 de noviembre de 2008

Mi tio abuelo Rosendo Federico

Mi tío-abuelo Rosendo Federico falleció ayer, víctima de la Logse, a los 67 años de edad.

Su coche -último grito de la tecnología rodante- fue encontrado en una cuneta, y el pobre Rosendo Federico apareció agarrado al volante con cara de ilusión, de persona comprometida con el sistema. Pese a que no solía conducir muy deprisa, el impacto hizo que su dentadura postiza quedara clavada en el volante. Una lástima.

Conducía su flamante automóvil por la A-30, camino de Murcia, cuando parece ser que reparó en uno de ésos anuncios luminosos que a modo de puente cubren las autovías. Se supone que fué esa la causa porque como digo, Rosendo Federico era un hombre muy tenaz a la hora de cumplir con las normas.

Según el informe de Tráfico, y por la proximidad del anuncio que puede verse en la fotografía, Rosendo Federico ya debía venir distraído tratando de apagar su teléfono celular, porque unos kilómetros antes había otro anuncio que rezaba: "Conduciendo apague el móvil". Mi tio-abuelo, como digo, siempre ha estado muy concienzado, y se vé que al no saber apagar el teléfono -para obedecer la norma luminaria escrita- debió optar por desmontarlo, puesto que la órden estaba bien clara: el teléfono debía ser apagado mientras se conduce.

Debía estar absorto en la tarea cuando debió ver la nueva órden: "Al volante, sólo el volante". Por el informe del Benemérito Instituto, el volante había sido desmontado mientras conducía, y Rosendo Federico lo había destripado para arrancar el controlador de radio, el de velocidad de crucero, el del teléfono y la máquina de gazpacho del maletero. Se supone que tantas tareas simultáneas produjeron que el automóvil acabara saliéndose de la vía, estrellándose contra un poste de radar.

Quizá, si las buenas gentes de Tráfico utilizaran unas frases algo más coherentes para sus anuncios, mi tío-abuelo todavía estaría entre nosotros.

Descanse en paz, Rosendo Federico. Un hombre comprometido.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El verano y el alcalde

El verano y el señor alcalde de X

(Siendo X una variable, elija localidad a su antojo)
Si quieres descansar, pero no.
Cuando el sofocante calor con alta humedad disminuye ligeramente, se van apagando los televisores de los sordos que viven alrededor y los sordos que hablan a gritos por la calle se van disipando, (hacia las 2 de la mañana), me voy a dormir. Je, je. Incautamente, y tratando de aliviar el calor, dejas la ventana abierta. Aún han de pasar durante la noche y de forma intermitente (lo justo para romperte el sueño), varios ejemplares de una especie de motosierras tripuladas a las que los chavales de por aquí llaman motos, que compensan en ruido todo lo que no andan para que su ego no sufra. Se intercalan con otra cosa que son una especie de discotecas enlatadas, donde sobran decibelios y falta espacio, que van sobre ruedas. Estos objetos deben rodar con las ventanillas bajadas para que todos podamos admirarnos de la cantidad de ruido que son capaces de emitir, aunque ellos lo llaman “música”. En fin, las opiniones son como las narices. Todo sea porque no sufra su ego. En el sopor, ésas especies van desapareciendo, PERO... aparece una variedad “musical” aromatizada. Se trata del camión del servicio municipal que recoge (es un decir) las basuras. Este, dispone de unos mecanismos para generar ruido en la noche muy sofisticados, que además, acompañan con un sistema para expandir aromas pútridos con tecnología de última generación. Luego ya puedes dormir. Je,je. Cuando “has caído”, entra en acción con la fresca, un operario municipal dotado de un artefacto a la espalda con manguera, que sirve para hacer mucho ruido, y de paso, el aire que le sobra lo utiliza para arremolinar la basura seca de las calles. Y se va. Y te crees que vas a dormir. PERO... ha de venir un camión barredora a completar la sinfonía. Bueno, ahora ya está. Pues no. Cuando te estás quedando sopa, en el cuartel de al lado ponen en marcha una grabación que recuerda antiguos toques militares de corneta. A las 9, puntualmente como cada día, mi adorable vecino nos obsequia a toda la manzana con su disco “Pa mi guerrera”.
Dice el Código Civil de las Leyes: “no prevalecerá contra su observancia, el desuso ni la costumbre o práctica en contrario”. Pero claro, éso sólo es un Código Civil. Y ¿quien va a saber más: un Código Civil o un alcalde y su cohorte de asalariados?. ¿Eh, eh?. Otra cosa distinta sería que fuéramos la lagartija rayada asilvestrada, entonces nos defenderían de las agresiones los ecologistas, pero siendo unos humanos, pues va a ser que no.
Cuando sales a la calle, el pestazo de los contenedores de diseño para la basura. Aparecen sucios y malolientes, rodeados de moscas. Esto del diseño minimalista debe estar muy bien, pero los contenedores siempre aparecen rodeados de basuras que no caben, y de unas mugres alrededor que se ve que su limpieza “se olvidaron” de presupuestarla. Es como el diseño del nuevo “frente marítimo” (antiguo paseo de toda la vida), que tan minimalista ha quedado, que los bancos y papeleras son escasitas. Lo del diseño me recuerda aquello de “técnicamente perfecto pero absolutamente inútil”.

Un alcalde no puede controlar nuestra mala educación, pero seguro que algo puede hacer para mejorar los servicios.